Cumplí 21 y aún tenía un vacío en el corazón, no había nadie que me alentara, no había alguien que me sonriera, no hallaba paz interior, no tenía idea cómo hallarla tampoco. La ansiedad fue tan grande que comencé a perderme en el abismo emocional más profundo que haya existido, la conmoción de perder a mí guía y de no haberme llevado con él ¿Cuál era la razón por la que seguía aquí?
Abrí mí libro del principito y en la primera hoja estaba escrito: “Será necesario que soporte dos o tres orugas, si quiero conocer las mariposas… con amor, papá.” Una sola persona era la influencia más grande en mí vida, incluso, aún después de no estar más aquí conmigo. Ése día me dije a mí misma que necesitaba vivir porque los sueños no se cumplían solos y yo no era una soñadora pequeña, era una soñadora grande y llena de ilusión. Tal vez perdería, pero también podría ganar.
Dejé mí carrera de abogacía y me fui de mí casa, trabajando en una pequeña cafetería, ganaba poco pero paso a paso conseguí crecer, ahora administraba aquella cafetería ayudando a los dueños.
Un día saliendo de mí trabajo, cansada y con hambre, en medio de la lluvia, conocí a quién sería mí mejor amiga y el ser que más amo, Lila, mí cachorra. Estaba sola, comiendo mugre de la basura, y aunque su pelaje debía ser blanco era completamente marrón en ese momento. Llena de mugre y pulgas, tomé a esa bebé y la hice de mí familia para siempre. “Esta es nuestra familia Lila, es pequeña y está rota pero sigue siendo buena.” Le dije a Lila con nostalgia mientras secaba su pelo en frente de la pequeña foto junto a mí padre en la habitación. Mí familia…
A los 23 años retomé mí relación con mí familia, en especial con mí hermana mayor, ella estuvo dispuesta a ayudarme en lo que fuese, aunque para ese entonces yo ya estaba estable en todos mis sentidos, la terapia, yoga, el lettering, componer para vender letras y además estaba comenzando la carrera de hotelería, mí hermana mayor tenía un hermoso cuadro en su habitación de su película favorita y que yo siempre recordaba, y decía: “Camina hacia el futuro, abriendo nuevas puertas y probando cosas nuevas, sé curioso… porque nuestra curiosidad siempre nos conduce por nuevos caminos.” Había visto aquella película junto a mí hermana mil veces y siempre me sentí igual que el protagonista, y sí hubo alguien que confió en él, en mí caso siempre fue mi padre. Pero ahora, también mí hermana y me sentía feliz por ello. Estaba haciendo todo lo que un día, a los 8 años me propuse.