lunes, 28 de febrero de 2022

I'm Samantha Park...

En mis 25 años de vida considero que no he pasado por muchas tragedias, ni siquiera amorosas, soy una persona tranquila y bastante alegre. Soy curiosa y soñadora, algunos lo atribuyen a que soy de piscis, yo lo atribuyó a mis genes. He crecido, emocional, espiritual y físicamente. Me siento feliz, libre, llena de experiencias que me ayudarán a superarme, y los problemas fueron los que me hicieron más fuerte. Aún extraño a mí padre, con todo mí corazón, hay días en los que lloro porque quisiera tenerlo aquí, un consejo suyo bastaría para seguir adelante. Pero también el universo colocó personas dispuestas a darme ése motivo. La vida no está hecha para que perdamos el tiempo en el sufrimiento del pasado, está hecha para que podamos crecer y lograr ser lo mejor de uno mismo, y aunque no podamos entender muchas veces, puedo citar la famosísima frase del zorro: “Solo se ve bien con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos.”


Soy Samantha Park, y he venido al mundo para ser feliz.








It's time to grow, honey.

Cumplí 21 y aún tenía un vacío en el corazón, no había nadie que me alentara, no había alguien que me sonriera, no hallaba paz interior, no tenía idea cómo hallarla tampoco. La ansiedad fue tan grande que comencé a perderme en el abismo emocional más profundo que haya existido, la conmoción de perder a mí guía y de no haberme llevado con él ¿Cuál era la razón por la que seguía aquí?


Abrí mí libro del principito y en la primera hoja estaba escrito: “Será necesario que soporte dos o tres orugas, si quiero conocer las mariposas… con amor, papá.” Una sola persona era la influencia más grande en mí vida, incluso, aún después de no estar más aquí conmigo. Ése día me dije a mí misma que necesitaba vivir porque los sueños no se cumplían solos y yo no era una soñadora pequeña, era una soñadora grande y llena de ilusión. Tal vez perdería, pero también podría ganar. 


Dejé mí carrera de abogacía y me fui de mí casa, trabajando en una pequeña cafetería, ganaba poco pero paso a paso conseguí crecer, ahora administraba aquella cafetería ayudando a los dueños. 


Un día saliendo de mí trabajo, cansada y con hambre, en medio de la lluvia, conocí a quién sería mí mejor amiga y el ser que más amo, Lila, mí cachorra. Estaba sola, comiendo mugre de la basura, y aunque su pelaje debía ser blanco era completamente marrón en ese momento. Llena de mugre y pulgas, tomé a esa bebé y la hice de mí familia para siempre. “Esta es nuestra familia Lila, es pequeña y está rota pero sigue siendo buena.” Le dije a Lila con nostalgia mientras secaba su pelo en frente de la pequeña foto junto a mí padre en la habitación. Mí familia…

A los 23 años retomé mí relación con mí familia, en especial con mí hermana mayor, ella estuvo dispuesta a ayudarme en lo que fuese, aunque para ese entonces yo ya estaba estable en todos mis sentidos, la terapia, yoga, el lettering, componer para vender letras y además estaba comenzando la carrera de hotelería, mí hermana mayor tenía un hermoso cuadro en su habitación de su película favorita y que yo siempre recordaba, y decía: “Camina hacia el futuro, abriendo nuevas puertas y probando cosas nuevas, sé curioso… porque nuestra curiosidad siempre nos conduce por nuevos caminos.” Había visto aquella película junto a mí hermana mil veces y siempre me sentí igual que el protagonista, y sí hubo alguien que confió en él, en mí caso siempre fue mi padre. Pero ahora, también mí hermana y me sentía feliz por ello. Estaba haciendo todo lo que un día, a los 8 años me propuse. 

















New phase, new feelings, youth time.

Siempre fui charlatana y risueña, me gustaba la música, cantar, producir, había dejado un poco al lado ése sueño de tener un hotel arcoiris pero aún vivía en mí el deseo de seguir adelante con mis sueños y volverme la mejor en lo que sea que elija. Para mis 15 años yo era más de lo que deseaba ser, mis notas eran buenas en arte pero demasiado malas en ciencia. Me daba igual, eso no era lo que me definía o lo que en el futuro sería. “¡Nada tiene que ver conmigo las ciencias!” fue la frase que le dije a mí madre, por primera vez tuve la valentía de enfrentarme a ella. Por mucho tiempo pensé que adoctrinando a mí hermana yo ya habría de tener la libertad de escoger, sin embargo, mí madre era fan de los títulos académicos de élite porque ella no tenía uno. Y no dejaría que ninguna de sus hijas escoja la vida mediocre. Papá no era así, él simplemente me empujaba hacia adelante: “Cueste lo que cueste, digan lo que digan, sigue adelante” esa era la frase que papá usaba conmigo cada vez que me encontraba llorando por discutir con mí madre. Lo extraño

Cumplí 18 años, encontré a mí padre en la sala, había comprado un nuevo vino, uno riquísimo según él. No tomaba mucho, pero amaba degustar y a escondidas de mamá yo lo hacía con él. Había adquirido ése paladar, sabía lo que era bueno y lo que era malo. Ambos nos reímos cuándo descubrimos que tipo era… sólo una mirada bastaba para entendernos esa era la conexión. “A tus 21, mi caja de ahorros será lo suficientemente grande para que viajemos a Francia y probemos un maravilloso Château Lafite juntos…” El sueño de papá era tener un viñedo y no lo logró, pero al menos, no podía irse de éste mundo sin haber probado un famosísimo vino francés. 

Unos meses después de esa conversación, su corazón se detuvo, nadie pudo salvarlo. Ni siquiera mis lágrimas, aunque él dijera que eran curativas, que sanaban cualquier dolor o herida. Fue la primera vez que mi padre me había mentido.








My sweet childhood.

Creo que tenía alrededor de 7 años cuándo papá descubrió que era una pequeña soñadora, lo había dibujado en un pedazo de papel junto a un enorme edificio de colores, tan alto que la hoja no era lo suficiente grande para que éste entrase. Nos dibujé con una enorme sonrisa; porque éramos felices, sólo mí padre y yo, en un hotel rodeado de un campo de uvas. Ése había sido mí sueño y mí padre siempre me alentó a alcanzarlo.

A diario me leía el principito, él me decía; “Tal vez ahora no lo entiendas, pero éste diminuto relato cambiará tú vida tarde o temprano”, en mi adolescencia me parecía muy cliché, ahora es el tesoro más grande que tengo. 

Un día en clase la maestra nos pidió dibujar algo que nos hiciera felices, dibujé a mí padre, el aviador y yo visitando al principito en su propio planeta, dónde podía ver incontables veces la puesta del sol ¡Y yo amo la puesta del sol! Los niños se rieron, la maestra en cambio dijo que el potencial que queramos tener depende de cada uno… “Yo quiero ser dueña de un hotel de arcoiris y un campo de uvas” le comenté y los niños volvieron a reír, la maestra se volvió hacia mí y me dijo con una enternecedora sonrisa: “Ningún sueño es demasiado grande y ningún soñador demasiado pequeño”, le amo maestra Jia, aún le recuerdo con demasiado cariño.














I'm Samantha Park...

En mis 25 años de vida considero que no he pasado por muchas tragedias, ni siquiera amorosas, soy una persona tranquila y bastante alegre. S...